jueves, 19 de enero de 2012

CONDENA


Logró meter su cuerpo en el agujero más pequeño que pudo y ahí se escondió de sus miedos, no cabía nada más que el poco aire que consumía y que se reciclaba a duras penas por entre la tierra. Estuvo ahí tanto tiempo que se olvidó de que afuera lo esperaba su captora, salió un día sin siquiera ver que los huevos habían eclosionado, ahora los polluelos eran los que se peleaban por su cuerpo mientras lo despedazaban y extrañó por un momento, a la gallina.

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